Tratados morales

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Capítulo XXX

Haré demostración de que estas cosas agradan también a los estoicos; y no será por haberme puesto ley de no haber de emprender cosa alguna contra la doctrina de Zenón o Crisipo, sino porque la misma materia permite que yo siga su opinión: porque el que se arrima siempre a la doctrina de uno, mira más a bandos que a la vida. Ojala se manifestasen todas las cosas, y la verdad estuviese sin velo, y sin que alterásemos algo de sus secretos. Ahora andamos buscándola con los mismos que la enseñan. En esto disienten las dos grandes sectas de los epicúreos y estoicos, aunque la una y la otra encaminan al descanso por diferentes vías. Epicuro afirma que el sabio no se ha de allegar a la república si no es con alguna ocasión forzosa; Zenón dice que se allegue, no habiendo causa precisa que se lo impida. El uno busca el descanso en el intento, y el otro en la causa. Pero la causa tiene mucha latitud, como es cuando la república está tan perdida y tan enviciada en males, que no puede ser socorrida; y entonces no ha de porfiar en vano el sabio, ni se ha de consumir en lo que no ha de aprovechar, faltándole autoridad o fuerzas: o si conociere que la república no le ha de admitir, o si se lo impidiere su poca salud; y al modo que no echaría al mar la nave rota, ni se asentaría a la milicia faltándole fuerzas, así tampoco se arrimará a la vida a que no fuere suficiente.


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