Azabache
Azabache FERIA DE CABALLOS
Sin duda alguna, una feria de caballos es cosa muy divertida para quienes nada tienen que perder. Por lo menos, hay mucho para ver: largas hileras de jóvenes caballos del campo, recién llegados de los pantanos; manadas de peludos caballitos galeses, no más altos que Patas Alegres; cientos de caballos de tiro de toda clase, algunos con las largas colas trenzadas y atadas con cinta escarlata; y muchos otros, como yo mismo, hermosos y bien criados, pero caídos en la clase media a causa de algún accidente, insuficiencias respiratorias o cualquier otro defecto.
Había algunos animales espléndidos, en lo mejor de sus fuerzas y adecuados para cualquier cosa, que movían las patas y mostraban su paso en gran estilo, conducidos con una rienda por el mozo de cuadra, que corría a su lado. Pero más atrás se agrupaban otros pobrecitos, arruinados por ardua labor, con nudos en las rodillas y agitando las patas traseras a cada paso; algunos eran caballos viejos, de aspecto muy abatido, con el labio inferior colgante y las orejas pegadas, como si ya no hallaran placer ni esperanza en la vida.
