Azabache
Azabache UN AMIGO EN APUROS
Llegó el día de las elecciones. Aunque Jerry no quiso alquilar su coche a ningún partido, hubo trabajo de sobra para nosotros.
Primero llegó un caballero robusto y jadeante, que llevaba saco de viaje y quería llegar a la estación de Bishopsgate; después nos llamó un grupo que deseaba ir al Parque del Regente; más tarde nos llamaron desde una calle lateral, donde una anciana tímida y ansiosa nos esperaba para que la lleváramos al banco. Allí tuvimos que esperar para llevarla de vuelta, y en cuanto la dejamos, acudió corriendo y sin aliento un señor carirrojo, con un manojo de papeles, que antes de que Jerry pudiera bajar, abrió la portezuela, subió y gritó:
—¡A la comisaría de la calle Bow, pronto!
Así, pues, partimos con él; y cuando, al cabo de una vuelta o dos más, regresamos, no había otro coche en la parada. Jerry me ajustó el saco de comer, pues, como dijo:
—En días como éste, tenemos que comer cuando podamos; así que come, Jack, y aprovecha tu tiempo lo mejor posible.
