Azabache
Azabache JAMES HOWARD
Una mañana de principios de diciembre, John acababa de conducirme a mi casilla después de mi ejercicio diario, y me ajustaba la tela con que me cubrÃa. James venÃa del granero con un poco de avena, cuando entró en el establo mi amo, bastante serio y con una carta en la mano. John cerró la portezuela de mi casilla, se llevó una mano a la gorra y aguardó instrucciones.
—Buen dÃa, John —lo saludó el amo— quiero saber si tienes alguna queja que presentar sobre James…
—¿Queja, señor? No, ninguna.
—¿Es laborioso en su tarea, y respetuoso contigo?
—SÃ, señor; siempre.
—¿Nunca lo sorprendiste abandonando sus tareas en cuanto le dabas la espalda?
—Nunca, señor.
—Está bien, pero debo hacerte otra pregunta: ¿tienes alguna razón para sospechar que cuando sale a pasear los caballos, o lleva algún mensaje, se detiene a conversar con sus amigos, o entra en casas donde nada tiene que hacer, dejando afuera los caballos?
