Antonio y Cleopatra
Antonio y Cleopatra Las golondrinas anidaron
en las naves de Cleopatra. Los augures
dicen que no entienden; están sombrÃos
y no osan pronunciarse. Antonio
está brioso y abatido, y por rachas
su fortuna dispar le da esperanza y miedo
de lo que tiene y no tiene.
Entra ANTONIO.
ANTONIO
¡Todo perdido! Esta inmunda egipcia
me ha traicionado. Mi escuadra se entrega
al enemigo; lanzan sus gorros al aire
y beben como amigos reencontrados.
¡Triple puta! Me has vendido a este novicio
y mi pecho guerrea sólo contra ti.
¡Diles que huyan todos! Vengado de mi hechizo,
habré acabado. ¡Diles que huyan! ¡Corre!
[Sale ESCARO.]
¡Ah, sol! Ya nunca te veré salir.
La fortuna y Antonio ya se alejan;
aquà nos despedimos. ¡Acabar asÃ! Amigos
que me seguÃan cual perrillos, a los que nunca
negué nada, ahora babean de golosinas
sobre César floreciente, y está descortezado
el pino que se alzaba sobre ellos. ¡Traicionarme!
¡Perfidia de Egipto! Esta cruel hechicera,
cuyos ojos guiaban y traÃan mis ejércitos,