Antonio y Cleopatra
Antonio y Cleopatra ¡Señora, señora, señora!
EIRA
¡Majestad! ¡Emperatriz!
CARMIA
Calla, Eira, calla.
CLEOPATRA
Nada más que una mujer, y sometida
a la misma pasión[64] que la que ordeña
y hace las faenas más humildes. Bien podrÃa
tirar mi cetro a los hirientes dioses,
decirles que este mundo igualaba al de ellos
hasta que robaron nuestra joya. Nada vale:
resignarse es de necios; rebelarse,
de perros rabiosos. Entonces, ¿es pecado
lanzarse a la casa secreta de la muerte
antes que la muerte ose venir? ¿Estáis bien?
¡Vamos, tened ánimo! ¿Qué hay, Carmia?
¡Nobles muchachas! ¡Ah, mujeres! Mirad,
nuestra luz está apagada, no arde. ¡Animaos!
Enterrémosle; hagamos después lo grande y noble
según el alto proceder romano
y la muerte ha de acogernos con orgullo. Venid.
El cuerpo de este gran espÃritu está frÃo.
¡Mujeres, venid! Nuestro solo amparo
es ahora el valor y el final más rápido.
Salen llevando el cadáver de Antonio.