El Rey Lear
El Rey Lear Cuarto en una granja
Entran los condes de KENT y de GLOUCESTER, LEAR, el BUFÓN y EDGARDO.
EL CONDE DE GLOUCESTER.—Mejor está uno aquÃ, que en la llanura; felicitaos de estar bajo techado. Procuraré añadir alguna mayor comodidad a vuestro albergue. Vuelvo en seguida. (Sale.)
EL CONDE DE KENT.—Toda la fuerza de su razón ha sucumbido; no atiende sino a su impaciencia. ¡Recompense el cielo su bondad!
EDGARDO.—Frateretto me llama, y dice que Nerón está pescando con caña en el lago de las tinieblas. Orad, inocentes, y guardaos del maligno espÃritu.
EL BUFÓN.—Dime tÃo: un loco, ¿es noble o plebeyo?
LEAR.—Es un rey, un rey.
EL BUFÓN.—No tal, es un plebeyo; porque loco es el plebeyo que ennoblece a su hija y la ve colocada ante su padre.
LEAR.—¡Ah! ¡Si tuviese a mis órdenes un ejército armado de espadas candentes para caer sobre ellas, silbando como serpientes!
EDGARDO.—El maligno espÃritu me muerde la espalda.
EL BUFÓN.—Insensato quien fÃa en la mansedumbre de un lobo domesticado, en la grupa de un caballo, en la amistad de un joven y en el juramento de una cortesana.
