El Rey Lear
El Rey Lear Palacio de Regan
Entran REGAN y el INTENDENTE.
REGAN.—¿Está ya en marcha el ejército de mi hermano?
EL INTENDENTE.—SÃ, señora.
REGAN.—¿Va él al frente?
EL INTENDENTE.—SÃ, señora, y con su ánimo infunde ardiente valor a sus soldados.
REGAN.—¿Habló Edmundo con tu señora, en su casa?
EL INTENDENTE.—No, señora.
REGAN.—Pues, ¿qué significa esta carta que le escribe ella?
EL INTENDENTE.—Lo ignoro, señora.
REGAN.—Verdaderamente partió de aquà para asuntos importantÃsimos. Inexcusable fue nuestra imprudencia no arrancando la vida, al mismo tiempo que los ojos, a ese Gloucester. Donde quiera que va, su aspecto conmueve los corazones, sublevándolos contra nosotros. Edmundo ha partido, según creo, para abreviar su miseria, librándole de la carga de una vida sumida en pasados tedios; también debe reconocer las fuerzas del enemigo.
EL INTENDENTE.—Permitidme, señora, que corra en su busca para entregarle esta carta.
REGAN.—Nuestro ejército debe marchar mañana en orden de batalla; quédate, los caminos no están muy seguros.
