Enrique IV Partes I y II
Enrique IV Partes I y II ¿Por qué me hablas del verdugo? Si me cuelgan a mÃ, engordará el patÃbulo, pues conmigo colgarán a Falstaff, y bien sabes que él no está en los huesos. ¡Bah! Hay otros socios que tú ni sueñas, que por gusto se complacen en honrar la profesión y que, si se investigara el asunto, ellos lo arreglarÃan por la cuenta que les trae. Yo no me junto con rateros de a pie, ni salteadores de medio pelo, ni bocazas borrachuzos de mostacho y cara roja, sino con la nobleza y la hidalguÃa, burgomaestres y magnates; gente discreta, más dispuesta a pegar que a hablar, a hablar más que a beber, y a beber más que a rezar. No: miento, ¡voto a…!, pues le rezan continuamente a su santo, el Estado, aunque con él es más bien robar que rogar, pues lo montan arriba y abajo y se ponen las botas.
SIRVIENTE
¡Cómo! ¿Las botas con el Estado? ¿Andarán con buen pie por mal camino?
GADSHILL
SÃ, claro: la justicia lo ha engrasado. Podemos robar a salvo, como en un castillo. Tenemos la receta mágica que nos hace invisibles.
SIRVIENTE
Nada de eso. Lo de haceros invisibles agradecédselo más a la noche que a la receta mágica.
GADSHILL