Enrique IV Partes I y II
Enrique IV Partes I y II brillando en sus cotas doradas como efigies;
con tanta vida como la primavera,
radiantes como el sol en el verano,
vivaces como cabras, salvajes cual novillos.
Vi al joven Enrique, con la visera en alto,
los muslos acorazados, las gallardas armas,
saltar como el alado Mercurio desde el suelo
y caer sobre el caballo con tal gracia
cual si bajase un ángel de las nubes
para hacer que el ardiente Pegaso[45] diera vueltas
y hechizar con su maestría al mundo entero.
HOTSPUR
¡Basta, basta! Peor que el sol de marzo,
ese elogio me trae fiebres. ¡Que vengan!
Si con sus galas vienen a inmolarse,
se los ofrendaremos calientes y sangrientos
a la virgen de la guerra, la de ojos llameantes[46].
Marte, de armadura, sentado en su altar,
estará sumido en sangre. Me enardece
oír que se aproxima esta presa tan valiosa
y aún no es nuestra. Dejad que pruebe mi corcel,
el que va a llevarme como un rayo
contra el pecho del Príncipe de Gales.
Enrique con Enrique, caballo con caballo
han de encontrarse, sin cejar hasta la muerte.