Enrique IV Partes I y II
Enrique IV Partes I y II los descarriados por vuestra tentación.
HOTSPUR
El rey es benigno, y bien sabemos que el rey
sabe cuándo prometer y cuándo pagar.
Mi padre, mi tío y yo mismo
le dimos la realeza que ahora ostenta
y, cuando no tenía ni treinta hombres,
ni estima popular, y sólo era un mísero,
un pobre desterrado que volvía a escondidas,
mi padre le dio la bienvenida a nuestras costas.
Y, al oírle jurar ante Dios que él sólo
venía para ser Duque de Lancaster,
reclamar su herencia y reconciliarse
con llanto de inocencia y palabras de lealtad,
mi padre, movido de bondad y compasión,
juró prestarle ayuda, y lo hizo.
Cuando lores y barones del reino
vieron que le apoyaba Northumberland,
grandes y humildes, de rodillas, gorro en mano,
le acogían en ciudades, burgos, aldeas,
le aguardaban en puentes, a los lados de la calle,
le obsequiaban, le ofrecían su lealtad
y a sus hijos como pajes, le seguían,
a él pegados, en radiante multitud.
Él, muy pronto, advirtiendo su poder,
se eleva más allá del juramento
que le hizo a mi padre con tanta mansedumbre