Enrique IV
Enrique IV la corona en la cabeza de este olvidadizo
y que por él lleváis el vil estigma
de complicidad en esa muerte, es posible
que afrontéis un mar de maldiciones
por ser agentes suyos, sus infames instrumentos,
sogas, escaleras y aun verdugos?
¡Ah, perdonadme que yo caiga tan bajo
como para mostrar el rango y condición
en que os halláis bajo este artero rey!
¿Se dirá con vergüenza en nuestros días
o pasará a las crónicas futuras
que hombres de vuestra nobleza y poder
se implicaron en una causa injusta
(como, Dios os lo perdone, hicisteis ambos)
por segar a Ricardo, esa dulce y bella rosa,
y plantar esta zarza podrida, Bolingbroke?
¿Y se dirá con más vergüenza todavía
que os engaña, os desecha y os arrumba
quien os hizo emprender esa vergüenza?
No: a tiempo estáis aún de redimir
el desterrado honor y reponer
vuestro buen nombre en el sentir del mundo.
Vengaos del escarnio y el desprecio
de este altivo rey, que se afana día y noche
en saldar las cuentas que os adeuda
liquidando con sangre vuestra vida.
Por tanto, os digo…