Enrique IV
Enrique IV Sea como fuere, se puede sostener: a) que ambas obras se escribieron por separado y que cada una tiene entidad dramática propia; b) que la segunda es la conclusión de la primera y no sólo una continuación imprevista; c) que entre las dos hay una clara continuidad de personajes, hechos y temas; y d) que la mayor popularidad de la primera parte no debe eclipsar la originalidad de la segunda. A este respecto, Davison afirma en su edición que, más que como continuación, la segunda parte habrÃa que verla como el reverso de la primera y que, por tanto, las dos partes de ENRIQUE IV serÃan como las dos caras de una misma moneda. PodrÃamos añadir con Davison que la segunda es la obra más interesante y la más grande de las dos. Comparada con la primera parte, la comedia de la segunda es agridulce, la acción difusa, y la obra sombrÃa: si el tiempo es un tema común, los efectos de su paso dominan en la segunda[4].