Enrique IV
Enrique IV sin aliento, ensangrentado.— ¿Estás vivo?
¿O es una ilusión que juega con mi vista?
Anda, habla. No daremos crédito a los ojos
hasta darlo a los oÃdos. No eres lo que pareces.
FALSTAFF
No, seguro: no somos yo y mi sombra. Si no soy Juan
Falstaff, soy un Juan Lanas. Aquà está Percy.
[Echa el cadáver al suelo.]
Si vuestro padre quiere hacerme algún honor, bien; si no, que él mate al siguiente Percy. Aspiro a ser conde o duque, os lo aseguro.
PRÃNCIPE
¡Si a Percy le maté yo y a ti te vi muerto!
FALSTAFF
¿Tú? ¡Señor, señor, qué mundo tan adicto a la mentira! Es verdad que yo estaba en tierra y sin aliento, y él también. Pero los dos nos levantamos a la vez y luchamos una hora larga, según el reloj de Shrewsbury. Si se me cree, bien; si no, que los que deben premiar el valor lleven su pecado sobre sÃ. Por mi muerte, que le hice esta herida aquÃ, en el muslo. Si estuviera vivo y lo negara, ¡voto a…!, le harÃa tragarse un pedazo de mi espada.
LANCASTER
Es la historia más extraordinaria que he oÃdo.
PRÃNCIPE
Hermano, y él el tipo más extraordinario.—