Enrique IV
Enrique IV Tal vez mi apetito no sea de regia cuna, pues de verdad que ahora me acuerdo de esa pobre criatura, la cerveza floja. Pero es cierto que estas humildes consideraciones me ponen a mal con mi nobleza. ¡Qué deshonra para mí acordarme de tu nombre o mañana conocer tu cara o fijarme en los pares de calzas de seda que tienes, es decir, éstas y las que eran de color melocotón! O llevar el inventario de tus camisas: una de sobra y otra para usar. Pero eso lo sabe mejor el encargado del tenis, pues muy escaso andarás de ropa blanca cuando no empuñas raqueta; y llevas tiempo sin hacerlo, ya que tus países bajos se las han apañado para devorar tu holanda[16]. [[Y sabe Dios si los que chillan de entre las ruinas de tu ropa blanca heredarán Su reino, aunque las comadronas dicen que las criaturas no tienen la culpa; por eso crece el mundo y las familias siempre se refuerzan]].
POINS
Después de haberos afanado tanto, ¡qué mal efecto hace que habléis tan a la ligera! Decidme cuántos buenos príncipes lo harían teniendo a su padre tan enfermo como el vuestro lo está ahora.
PRÍNCIPE
¿Te digo una cosa, Poins?
POINS
Sí, y que sea buena de verdad.
PRÍNCIPE