Enrique IV
Enrique IV La puntilla a la gloria de la guerra (nunca mejor dicho) viene cuando, tras el elogio de Hal a la «gran alma» a quien acaba de vencer, Falstaff apuñala el cadáver de Hotspur y se atribuye su muerte. Habiendo dado por muerto a Falstaff, Hal no puede ahora desmentir la versión de éste de que «los dos nos levantamos a la vez y luchamos una hora larga». Preferirá confirmar el comentario de su hermano («es la historia más extraordinaria que he oído») con el suyo propio («y él el tipo más extraordinario») y dejar que Falstaff se salga con la suya. Parece claro que el lugar de Falstaff es la taberna, no la guerra. En ésta es desmitificador y corrosivo, y su capacidad para menoscabar el marco ideológico de la obra es ilimitada.
VII
La primera parte del drama termina con el aplastamiento de los rebeldes. Si la usurpación del trono de Ricardo dejaba atrás la noción medieval de la realeza y daba paso a un ejercicio del poder más pragmático, expeditivo y maquiavélico, con la muerte de Hotspur se entierra el concepto del honor y la caballería que éste encarnaba. Sin embargo, la rebelión no ha concluido: quedan los ausentes Northumberland y el arzobispo de York, por un lado, y Glendower y Mortimer, por otro, y contra ellos se anuncian sendas expediciones.