Hamlet, Principe de Dinamarca
Hamlet, Principe de Dinamarca Una sala en el castillo.
(Entra el Rey.)
REY.—Algo hay en tus suspiros y sollozos. Tienes que explicármelo. Es propio que lo sepa. ¿Dónde está tu hijo?
REINA.—¡Ay, esposo, lo que he visto esta noche!
REY.—¡Pobre Gertrudis! ¿Cómo está Hamlet?
REINA.—Más loco que el viento y el mar cuando ambos luchan a porfÃa. En su paroxismo, al ver que algo se movÃa tras el tapiz, desenvaina gritando «¡Una rata, una rata!» y en su frenética ilusión ha matado al pobre anciano allà escondido.
REY.—¡Ah, grave acción! De haber estado allÃ, habrÃa sido mi muerte. Su libertad es una amenaza: para ti, para mÃ, para todos. ¿Y cómo defender tal acto de violencia? Yo seré el responsable: por previsión tenÃa que haber atado corto y recluido al joven demente. Mas tanto era mi afecto que no quise entender lo inexcusable y, como el que padece una inmunda dolencia, por no divulgarlo, he dejado que corrompa hasta el tuétano. ¿Adónde ha ido?
REINA.—A llevarse el cadáver de su vÃctima, con quien su demencia, como veta de oro en una mina de viles metales, se muestra pura y llora lo ocurrido.
