Hamlet, Principe de Dinamarca
Hamlet, Principe de Dinamarca GalerÃa de Palacio.
(Entran la Reina y Horacio.)
REINA.—No quiero hablar con ella.
HORACIO.—Insiste en veros, desvarÃa. Su estado da pena.
REINA.—¿Qué quiere?
HORACIO.—Habla mucho de su padre, de las trampas de este mundo; balbucea y se da golpes de pecho; se ofende por minucias; habla sin concierto. Lo que dice es absurdo, mas lleva a quien la oye a interpretar su incoherencia. Se hacen conjeturas; amoldan a su idea las palabras que juntan, las cuales, a juzgar por los gestos y los guiños, darÃan pie a sospechas que, aun siendo infundadas, serÃan maliciosas.
REINA.—Habrá que hablar con ella, no sea que siembre dudas peligrosas en mentes malévolas. Hazla pasar.
(Horacio se dirige a la puerta.)
(Aparte.) En mi alma enferma, pues vive en pecado, cualquier naderÃa predice un gran daño. La culpa no sabe fingir su recelo y al fin se traiciona queriendo esconderlo.
(Entra Ofelia tocando un laúd, con el pelo suelto y cantando.)
OFELIA.—¿Dónde está la hermosa majestad de Dinamarca?
REINA.—¿Qué ocurre, Ofelia?
