Hamlet, Principe de Dinamarca
Hamlet, Principe de Dinamarca Gabinete del Rey.
(Entran el Rey y Laertes.)
REY.—Tu conciencia debe ahora sancionar mi absolución, y tu pecho acogerme como amigo, pues has podido oÃr y comprobar que el hombre que mató a tu noble padre atentaba contra mÃ.
LAERTES.—Es evidente. Mas decidme por qué no procedisteis contra hechos tan graves y tan ciertos de pena capital, cuando a ello tanto os obligaban vuestra seguridad, prudencia y más motivos.
REY.—Por dos razones especiales que, aunque a ti te parezcan harto endebles, tienen fuerza para mÃ. Su madre, la reina, le idolatra y, en lo que a mà respecta (sea mi suerte o mi desgracia, no sé cuál), tal es mi conjunción con ella en cuerpo y alma que, cual astro que sólo gira dentro de su esfera, yo fuera de ella no existo. La otra razón para no haber hecho cargos públicos es el cariño que las gentes le profesan: un afecto que, sumergiendo sus delitos, cambiarÃa sus culpas en virtudes cual la fuente que transmuta en piedra la madera. AsÃ, mis flechas, de ingrávida vara para viento tan fuerte, habrÃan regresado a mi arco sin hacer diana.
LAERTES.—Y yo me encuentro sin mi noble padre y a mi hermana en condiciones angustiosas, que, si elogio lo que fue, desde una cumbre podÃa haber retado al mundo entero a emular sus perfecciones. Mas ya me vengaré.
