Hamlet, Principe de Dinamarca
Hamlet, Principe de Dinamarca Cementerio contiguo a una Iglesia.
(Entran dos rústicos[32], el enterrador y su compañero.)
ENTERRADOR.—¿Se va a dar cristiana sepultura a la que conscientemente buscó su salvación?
COMPAÑERO.—Te digo que sí, conque cava ya la fosa. El juez ha visto el caso y dice que cristiana.
ENTERRADOR.—¿Cómo es posible si no se ahogó en defensa propia?
COMPAÑERO.—Pues eso ha decidido.
ENTERRADOR.—Entonces habrá sido se offendendo[33]; no pudo ser otra cosa. La cuestión es esta: si yo me ahogo a sabiendas, esto arguye un acto; un acto tiene tres ramas: hacer, obrar, realizar. Ergo ella se ahogó a sabiendas.
COMPAÑERO.—Escucha, señor cavador…
ENTERRADOR.—Perdona. Aquí está el agua: bien. Aquí, el hombre: bien. Si el hombre va al agua y se ahoga, quieras que no, es él quien se va. ¿Te fijas? Pero si el agua viene a él y le ahoga, él no se ahoga a sí mismo. Ergo quien no es culpable de su muerte no pudo acortar su vida[34].
COMPAÑERO.—¿Esa es la ley?
ENTERRADOR.—¡Pues claro! La ley que lo investiga.
COMPAÑERO.—¿Quieres saber la verdad? Sí no es una señora, no le dan cristiana sepultura.
