Hamlet, Principe de Dinamarca
Hamlet, Principe de Dinamarca En casa de Polonio.
(Entran Polonio y Reinaldo.)
POLONIO.—Dale este dinero y estas notas, Reinaldo.
REINALDO.—SÃ, señor.
POLONIO.—Obrarás con prudencia, buen Reinaldo, si, antes de visitarle, te informas de su género de vida.
REINALDO.—Señor, es lo que iba a hacer.
POLONIO.—Estupendo, estupendo. Atiende: primero averigua cuántos daneses hay en ParÃs, y cómo, quién, qué medios, dónde viven, sus compañÃas, sus gastos; y asÃ, con estos rodeos y preámbulos, cuando veas que conocen a mi hijo, más cerca estarás que si preguntas por él directamente. Finge, es un decir, que le conoces a lo vago, diciendo: «Conozco a su padre y a los suyos, y un poco a él.» ¿Te fijas, Reinaldo?
REINALDO.—Perfectamente, señor.
POLONIO.—«Y un poco a él, pero», y añades, «no mucho, aunque si es el que pienso, es un juerguista, muy dado a esto y aquello». Entonces le imputas los cuentos que te plazcan. Bueno, no tan graves que puedan deshonrarle, de eso guárdate; sólo los deslices bulliciosos y alocados que notoria y comúnmente se asocian con la libre juventud.
REINALDO.—¿Como el juego, señor?
