Hamlet, Principe de Dinamarca
Hamlet, Principe de Dinamarca Salón de Palacio.
(Entran el Rey, la Reina, Rosencrantz, Guildenstern y otros.)
REY.—Bienvenidos, Rosencrantz y Guildenstern. Además de lo mucho que ansiábamos veros, os mandamos llamar a toda prisa porque os necesitábamos. Habéis oÃdo hablar de la transformación de Hamlet: la llamo asà puesto que no parece el mismo, ni por fuera ni por dentro. Qué pueda ser, si no es la muerte de su padre, lo que le tiene tan fuera de sÃ, no acierto a imaginarlo. Os ruego a los dos que, habiéndoos criado con él desde la infancia y conociendo tan de cerca su carácter, accedáis a quedaros en la corte por un tiempo, de modo que vuestra compañÃa le aporte distracción y permita averiguar, mediando ocasiones favorables, si algo ignorado le perturba que, descubierto, podamos remediar.
REINA.—Caballeros, él ha hablado mucho de vosotros y me consta que no hay dos en todo el mundo a quien tenga más afecto. Si os complace mostrar la cortesÃa y gentileza de pasar algún tiempo con nosotros en ayuda y cumplimiento de nuestra esperanza, vuestra visita recibirá la gratitud que a la real largueza corresponde.
ROSENCRANTZ.—El poder soberano de Vuestras Majestades puede hacernos cumplir vuestros augustos deseos sin tener que suplicarnos.
