Hamlet
Hamlet HAMLET.— He sabido que hay ciertas cartas selladas y que mis dos condiscípulos (de quienes yo me fiaré como de una víbora ponzoñosa) van encargados de llevar el mensaje, facilitarme la marcha y conducirme al precipicio. Pero yo los dejaré hacer, que es mucho gusto ver volar al minador con su propio hornillo, y mal irán las cosas o yo excavaré una vara no más debajo de las minas y les haré saltar hasta la luna. ¡Oh! ¡Es mucho gusto cuando un pícaro tropieza con quien se las entiende!… [Quiere llevar a cuestas el cadáver y, no pudiendo hacerlo cómodamente, le ase de un pie y se lo lleva arrastrando] Este hombre me hace ahora su ganapán…; le llevaré arrastrando a la pieza inmediata. Madre, buenas noches… Por cierto que el señor consejero (que fue en vida un hablador impertinente) es ahora bien reposado, bien serio y taciturno. Vamos, amigo, que es menester sacaros de aquí, y acabar con ello. Buenas noches, madre.