Hamlet
Hamlet LAERTES.— ¡Desdichada Ofelia! Demasiada agua tienes ya; por eso quisiera reprimir la de mis ojos… Bien que a pesar de todos nuestros esfuerzos, imperiosa la naturaleza sigue su costumbre, por más que el valor se avergüence… Pero, luego que este llanto se vierta, nada quedará en mà de femenil ni de cobarde. Adiós señores. Mis palabras de fuego arderÃan en llamas si no las apagasen estas lágrimas imprudentes.
Vase Laertes.
CLAUDIO.— Sigámosle, Gertrudis, que después de haberme costado tanto aplacar su cólera, temo ahora que esta desgracia no la irrite otra vez. Conviene seguirle.