Hamlet
Hamlet HAMLET.— La pintura que de él hacéis no desmerece nada en vuestra boca; aunque yo creà que, al hacer el inventario de sus virtudes, se confundirÃan la aritmética y la memoria, y ambas serÃan insuficientes para suma tan larga. Pero, sin exagerar su elogio, yo le tengo por un hombre de grande espÃritu y de tan particular y extraordinaria naturaleza que (hablando con toda la exactitud posible) no se hallará su semejanza sino en su mismo espejo, pues el que presuma buscarla en otra parte, sólo encontrará bosquejos informes.
ENRIQUE.— Vuestra Alteza acaba de hacer justicia imparcial en cuanto ha dicho de él.
HAMLET.— SÃ, pero sépase a qué propósito nos enronquecemos ahora, entremetiendo en nuestra conversación las alabanzas de ese galán.
ENRIQUE.— ¿Cómo decÃs, señor?
HORACIO.— ¿No fuera mejor que le hablarais con más claridad? Yo creo, señor, que no os serÃa difÃcil.
HAMLET.— Digo que a qué viene ahora hablar de ese caballero.
ENRIQUE.— ¿De Laertes?
HORACIO.— [A Hamlet] ¡Eh! Ya vació cuanto tenÃa, y se le acabó la provisión de frases brillantes.
HAMLET.— Sà señor, de ese mismo.
ENRIQUE.— Yo creo que no estaréis ignorante de…