Hamlet
Hamlet OFELIA.— ¡Ay! ¡Señor, que he tenido un susto muy grande!
POLONIO.— ¿Con qué motivo? Por Dios que me lo digas.
OFELIA.— Yo estaba haciendo labor en mi cuarto, cuando el prÃncipe Hamlet, la ropa desceñida, sin sombrero en la cabeza, sucias las medias, sin atar, caÃdas hasta los pies, pálido como su camisa, las piernas trémulas, el semblante triste como si hubiera salido del infierno para anunciar horror… se presenta delante de mÃ.
POLONIO.— Loco, sin duda, por tus amores, ¿eh?
OFELIA.— Yo, señor, no lo sé; pero en verdad lo temo.
POLONIO.— ¿Y qué te dijo?