Hamlet
Hamlet CLAUDIO.— No se me acuerda.
POLONIO.— [Señalando la cabeza y el cuello]. Pues, separadme esta de este, si otra cosa hubiere en el asunto… ¡Ah! Por poco que las circunstancias me ayuden, yo descubriré la verdad donde quiera que se oculte, aunque el centro de la tierra la sepultara.
CLAUDIO.— ¿Y cómo te parece que pudiéramos hacer nuevas indagaciones?
POLONIO.— Bien sabéis que el prÃncipe suele pasearse algunas veces por esa galerÃa cuatro horas enteras.
GERTRUDIS.— Es verdad, asà suele hacerlo.
POLONIO.— Pues, cuando él venga, yo haré que mi hija le salga al paso. Vos y yo nos ocultaremos detrás de los tapices, para observar lo que hace al verla. Si él no la ama y no es esta la causa de haber perdido el juicio, despedidme de vuestro lado y de vuestra corte y enviadme a una alquerÃa a guiar un arado.
CLAUDIO.— SÃ, yo lo quiero averiguar.
GERTRUDIS.— Pero ¿veis? ¡Qué lástima! Leyendo viene el infeliz.
POLONIO.— Retiraos, yo os lo suplico; retiraos entrambos, que le quiero hablar, si me dais licencia.
Polonio, Hamlet.
POLONIO.— ¿Cómo os va, mi buen señor?
HAMLET.— Bien, a Dios gracias.
POLONIO.— ¿Me conocéis?
