Hamlet
Hamlet ojos del cielo humedecer en lloro».
POLONIO.— Ved cómo muda de color y se le han saltado las lágrimas. No, no prosigáis.
HAMLET.— Basta ya; presto me dirás lo que falta. Señor mÃo, es menester hacer que estos cómicos se establezcan, ¿lo entiendes?, y agasajarlos bien. Ellos son, sin duda, el epÃtome histórico de los siglos, y más te valdrá tener después de muerto un mal epitafio que una mala reputación entre ellos mientras vivas.
POLONIO.— Yo, señor, los trataré conforme a sus méritos.
HAMLET.— ¡Qué cabeza esta! No, señor, mucho mejor. Si a los hombres se les hubiese de tratar según merecen, ¿quién escaparÃa de ser azotado? Trátalos como corresponde a tu nobleza y a tu propio honor; cuanto menor sea su mérito, mayor será tu bondad. Acompáñalos.
POLONIO.— Venid, señores.
HAMLET.— Amigos id con él. Mañana habrá comedia. Oye aquà tú, amigo; dime: ¿No pudierais representar La muerte de Gonzago?
CÓMICO L.º.— Sà señor.
HAMLET.— Pues mañana a la noche quiero que se haga. Y ¿no podrÃas, si fuese menester, aprender de memoria unos doce o dieciséis versos que quiero escribir e insertar en la pieza? ¿Podrás?
CÓMICO 1.º.— Sà señor.