Hamlet
Hamlet HAMLET.— Sin duda ninguna. El poder de la hermosura convertirá a la honestidad en una alcahueta antes que la honestidad logre dar a la hermosura su semejanza. En otro tiempo se tenÃa esto por una paradoja, pero en la edad presente es cosa probada… Yo te querÃa antes, Ofelia.
OFELIA.— Asà me lo dabais a entender.
HAMLET.— Y tú no debieras haberme creÃdo, porque nunca puede la virtud ingerirse tan perfectamente en nuestro endurecido tronco que nos quite aquel resquemor original… Yo no te he querido nunca.
OFELIA.— Muy engañada estuve.
HAMLET.— Mira, vete a un convento, ¿para qué te has de exponer a ser madre de hijos pecadores? Yo soy medianamente bueno, pero, al considerar algunas cosas de que puedo acusarme, serÃa mejor que mi madre no me hubiese parido. Yo soy muy soberbio, vengativo, ambicioso; con más pecados sobre mi cabeza que pensamientos para explicarlos, fantasÃa para darles forma, ni tiempo para llevarlos a ejecución. ¿A qué fin los miserables como yo han de existir arrastrados entre el cielo y la tierra? Todos somos insignes malvados; no creas a ninguno de nosotros, vete, vete a un convento… ¿En dónde está tu padre?
OFELIA.— En casa está, señor.