Julio César
Julio César El mismo lugar. Una plaza pública.
(Entran en procesión, con música, César, Antonio, ataviados para las carreras; Calpurnia, Porcia, Decio, Cicerón, Bruto, Casio y Casca; una gran muchedumbre los sigue, entre los que se halla un Adivino.)
CÉSAR.—¡Calpurnia!
CASCA.—¡Silencio, oh! César habla.
(Cesa la música.)
CÉSAR.—¡Calpurnia!
CALPURNIA.—Aquà me tenéis, señor.
CÉSAR.—Colocaos en la dirección del paso de Antonio cuando emprenda su carrera. ¡Antonio!
ANTONIO.—¡César, señor!
CÉSAR.—No olvidéis en la rapidez de vuestra carrera, Antonio, de tocar a Calpurnia, pues, al decir de nuestros antepasados, la infecunda, tocada en esta santa carrera, se libra de la maldición de su esterilidad.
ANTONIO.—Lo tendré presente. Cuando César dice: «Haz esto», se hace.
CÉSAR.—Proseguid, y no olvidéis ninguna ceremonia.
(TrompeterÃa.)
ADIVINO.—¡César!
CÉSAR.—¡Eh! ¿Quién llama?
CASCA.—¡Qué cese todo ruido! ¡Silencio de nuevo!
