Julio César
Julio César El mismo lugar. Otra parte del campo.
(Fragores. Entran Casio y Titinio.)
CASIO.—¡Oh, mirad, Titinio! ¡Mirad! ¡Huyen los miserables! ¡Yo mismo me he vuelto adversario de mis propias tropas! ¡Éste portaestandarte que aquĂ ves habĂa vuelto la espalda! ¡MatĂ© al cobarde y arranquĂ© el águila de sus manos!
TITINIO.—¡Oh Casio! ¡Bruto dio la señal demasiado pronto, y alcanzando alguna ventaja sobre Octavio, cargĂł con excesiva precipitaciĂłn! ¡Sus soldados se han dado al botĂn, en tanto nosotros nos hallamos envueltos por Antonio!
(Entra PĂndaro.)
PÍNDARO.—¡Huid más lejos, señor, huid más lejos! ¡Marco Antonio está en vuestras tiendas, señor! ¡Huid pues, noble Casio, huid más lejos!
CASIO.—Ésta colina está bastante apartada… ¡Mirad, mirad, Titinio! ¿Son mis tiendas aquellas donde percibo un incendio?
TITINIO.—¡Lo son, señor!
CASIO.—¡Si me estimas, Titinio, monta en mi caballo y hunde las espuelas en él hasta que alcances allá arriba aquellas tropas y estés aquà de nuevo! ¡Qué pueda yo asegurarme de una vez si son fuerzas amigas o enemigas!
