Julio César
Julio César Otra parte de la misma calle, ante la casa de Bruto.
(Entran Porcia y Lucio.)
PORCIA.—¡Por favor, muchacho, corre al Senado! ¡No te detengas a responderme! ¡Marcha de prisa! ¿Qué esperas?
LUCIO.—Saber mi encargo, señora.
PORCIA.—¡Quisiera que fueras y volvieses antes de poder decirte lo que has de hacer allÃ! ¡Oh firmeza, ven en mi auxilio! ¡Levanta una montaña colosal entre mi corazón y mi lengua! ¡Tengo el espÃritu de un hombre, pero mi fortaleza es de mujer! ¡Qué difÃcil para la mujer guardar secretos! ¿Aún estás aquÃ?
LUCIO.—¿Qué debo hacer, señora? ¿Correr al Capitolio, y nada más? ¿Y luego volver sin otro objeto?
PORCIA.—SÃ; y avÃsame si tu amo se encuentra bien, muchacho, porque salió algo indispuesto. Y toma buena nota de lo que haga César y qué solicitantes se le acercan. ¡Escucha, muchacho! ¿Qué ruido es ése?
LUCIO.—No oigo nada, señora.
PORCIA.—¡Pon atención, te lo ruego! ¡He oÃdo un sordo rumor, como un tumulto que el viento trae del Capitolio!
LUCIO.—En verdad, señora, no oigo nada.
(Entra un Adivino.)
PORCIA.—Acércate aquÃ, mozo. ¿Dónde has estado?
