La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III El mismo lugar. Las murallas de la Torre.
Entran GLOUCESTER y BUCKINGHAM ridículamente ataviados con mohosas armaduras[71].
GLOUCESTER: Vamos, primo. ¿Puedes temblar y cambiar de color, matar el aliento en medio de una palabra, seguir y detenerte, como si estuvieses poseído de delirio y loco de terror?
BUCKINGHAM: ¡Bah! Puedo imitar al más perfecto trágico, hablar, mirar tras de mí, espiar por todas partes, estremecerme al ruido de una paja, como presa de hondo recelo. Tengo a mi disposición miradas espectrales, sonrisas forzadas, y ambas siempre dispuestas, cada una en su empleo, para dar a mis estratagemas la apariencia conveniente. Pero qué, ¿se ha ido Catesby?
GLOUCESTER: Sí, y mira; viene con el lord Corregidor.
Entran el LORD CORREGIDOR[72] y CATESBY.
BUCKINGHAM: ¡Lord Corregidor!…
GLOUCESTER: ¡Guardad el puente levadizo!
BUCKINGHAM: ¡Escuchad! ¡Un tambor!
GLOUCESTER: ¡Vigilad los baluartes, Catesby!
BUCKINGHAM: Lord corregidor, la razón de enviaros a buscar…
GLOUCESTER: ¡Mira tras de ti! ¡Defiéndete! ¡Son enemigos!
