La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III REY RICARDO: ¡Oh amarga consecuencia de que Eduardo viva todavía!… Es cierto noble príncipe… Primo, antes no acostumbrabas ser tan tardo. ¿Debo ser más explícito? Deseo la muerte de los bastardos, y quisiera que se ejecutara la cosa inmediatamente. ¿Qué dices ahora? Habla pronto; sé breve.
BUCKINGHAM: Vuestra Gracia puede hacer su gusto.
REY RICARDO: ¡Bah, bah! Eres todo de hielo. Tu afecto se enfría. Contéstame: ¿consientes en que mueran?
BUCKINGHAM: Dejadme algún aliento, un instante de reflexión, querido lord, antes de daros una respuesta definitiva. En seguida os haré conocer mi determinación.
Sale BUCKINGHAM.
CATESBY: (Aparte, a otro). ¡El rey se encoleriza; mirad: se muerde los labios[91]!
REY RICARDO: (Descendiendo del trono). ¡Me entenderé con caracteres férreos e irreflexivos y con jóvenes irrespetuosos! No quiero a mi lado quien me mire con ojos escrutadores. Buckingham, lograda su ambición, se hace circunspecto. ¡Muchacho!
PAJE: ¡Señor!
REY RICARDO: ¿Conoces a alguien que dejándose tentar por un oro corruptor, realizara una secreta misión de muerte?