Las alegres comadres de Windsor
Las alegres comadres de Windsor Cuarto en casa de Ford
Entran PAGE, FORD, la señora PAGE, la señora FORD y SIR HUGH EVANS
EVANS.—Es uno de los más discretos procederes de mujer que jamás he visto.
PAGE.—¿Y envió estas cartas a cada una de vosotras dos a un mismo tiempo?
Sra. PAGE.—Con quince minutos de diferencia.
FORD.—Perdóname, esposa mÃa. En adelante harás lo que quieras; y más bien sospecharé al sol de frio, que a ti de frivolidad. Tu honor es ahora, para este antiguo hereje, una verdadera y firme fe.
PAGE.—Está bien: está bien: basta. No seáis ahora tan extremado en la sumisión como lo fuisteis en la ofensa. Sigamos adelante con nuestro plan, y que nuestras esposas, una vez más para darnos una diversión pública, den cita a ese viejo obeso, a fin de que nosotros le sorprendamos y le presentemos a la pública vergüenza.
FORD.—Eso es: y no hay mejor modo que el que ellas han sugerido.
PAGE.—¡Cómo! ¿Haciéndole decir que se encontrarán con él a media noche en el parque? No vendrÃa jamás.
