Las alegres comadres de Windsor

Las alegres comadres de Windsor

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

ESCENA V

Cuarto en la posada de la Liga

Entran FALSTAFF Y BARDOLFO

FALSTAFF.—Bardolfo, escucha.

BARDOLFO.—¿Señor?

FALSTAFF.—Ve a traerme una pinta de Jerez, y una tostada. (Sale Bardolfo.) ¿Y es posible que haya vivido yo para ver el día en que habían de llevarme en un canasto como un montón de desecho de carnicero, y arrojarme al río? Por mi alma, que si vuelvo a sufrir chasco semejante, he de hacer que mis sesos sirvan para comida de perros el día de año nuevo. Los pillastres, para echarme al Támesis no tuvieron más remordimiento que si se tratara de los cachorros recién nacidos de una perra, con los ojos cerrados. Y por mi tamaño es fácil ver que tengo gran propensión a sumergirme. Si el fondo del río fuera tan hondo como el infierno, creo que iría hasta el fondo. A no haber sido tan poco profunda la margen, de seguro que me habría ahogado: género de muerte que detesto, porque el agua hace que el cuerpo se hinche ¡y qué cuerpo sería el mío si se hinchara! ¡Vaya!, ¡una momia como una montaña!

Vuelve a entrar Bardolfo, con el vino

BARDOLFO.—Señor, aquí está la señora Aprisa, que viene a hablaros.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker