Otelo
Otelo es como un veneno que me roe las entrañas,
y ya nada podrá serenarme
hasta que estemos en paz, mujer por mujer,
o, si no, hasta provocarle al moro
unos celos tan fuertes que no pueda
curar la razón. Para lo cual,
si este pobre chucho veneciano
al que sigo en la caza se deja azuzar,
tendré bien pillado a nuestro Casio,
le pintaré de faldero a los ojos del moro,
pues sospecho que Casio también se mete en mi cama,
y el moro, agradecido, me querrá y premiará
por dejarle insignemente como un burro
y maquinar contra su paz y sosiego
hasta la locura. Aquí está[14], mas borroso:
hasta el acto, el mal no revela su rostro.
Sale.