Otelo
Otelo de contactos ilÃcitos e impuros
es no ser una ramera, no lo soy.
OTELO
¿Qué no eres una puta?
DESDÉMONA
¡No, por mi salvación!
OTELO
¿Es posible?
DESDÉMONA
¡Ah, que Dios nos perdone!
OTELO
Entonces disculpad. Os tomé
por la astuta ramera de Venecia
que se casó con Otelo.— ¡Tú, mujer,
que, al revés que San Pedro, custodias
la puerta del infierno!
Entra EMILIA.
Tú, tú, ¡sÃ, tú! Nuestro asunto
ha terminado. Aquà está tu paga.
Ahora echa la llave, y silencio.
Sale.
EMILIA
Pero este hombre, ¿qué imagina?
¿Cómo estáis, señora? ¿Cómo estáis?
DESDÉMONA
Aturdida.
EMILIA