Otelo
Otelo DESDÉMONA
¡No, por mi vida y mi alma!
Mándale llamar y pregúntale.
OTELO
Guárdate, alma mÃa, guárdate
del perjurio. Estás en tu lecho de muerte.
DESDÉMONA
Pero aún no he de morir.
OTELO
SÃ, ahora mismo; conque confiesa
abiertamente tu pecado, pues negar
con juramentos cada cargo no puede
destruir ni ahogar la convicción
que me atormenta. Vas a morir.
DESDÉMONA
¡Que Dios se apiade de mÃ!
OTELO
Pues, amén.
DESDÉMONA
¡Apiádate tú también! Jamás
he pecado contra ti; jamás sentà por Casio
nada más que el afecto común
que Dios permite. Jamás le di prenda.
OTELO
¡Por Dios, le vi el pañuelo en la mano!
¡Ah, perjura! Me pones de piedra el corazón
y vuelves crimen mi propósito,