Otelo
Otelo El conflicto se resuelve claramente en favor de Otelo y Desdémona y contra sus oponentes (Yago, Rodrigo y, en otro sentido, Brabancio). Como comenta el Dux, el negro ha resultado ser blanco (el verdadero negro es el blanco Yago). Otelo es su pasado y, por tanto, un ser excepcional. En una obra en que la percepción de los protagonistas por parte de los demás cuenta tanto o más que la manera como ellos mismos se presentan, este cambio de visión es importante. La imagen de Otelo ya no es la de un negro salvaje y lascivo, sino más bien la de un príncipe árabe o un maharajá, admirado y respetado por los senadores. Desdémona no es tampoco la hija rebelde o desobediente, sino la esposa noblemente enamorada que antepone lo humano a los usos, conveniencias y convenciones sociales. Como en Romeo y Julieta, Troilo y Crésida y Antonio y Cleopatra, Shakespeare ha orientado la respuesta del espectador en favor de los amantes que se enfrentan a circunstancias adversas de orden familiar, social o nacional, y, al igual que en estas obras, el amor se nos muestra como una nueva experiencia, un sentimiento que enaltece y transforma a quien lo vive hasta el punto de exigir su propia vida.
VI