Otelo
Otelo de malévolo alboroto turbando mi reposo.
RODRIGO
Señor, señor…
BRABANCIO
No te quepa duda
de que mi ánimo y mi puesto tienen fuerza
para hacerte pagar esto.
RODRIGO
Calmaos, señor.
BRABANCIO
¿Qué me cuentas de robos? Estamos en Venecia;
yo no vivo en el campo.
RODRIGO
Muy respetable Brabancio, acudo a vos
con lealtad y buena fe.
YAGO
¡Voto al cielo! Sois de los que no sirven a Dios porque lo manda el diablo. Venimos a ayudaros y nos tratáis como salvajes. ¿Queréis que a vuestra hija la cubra un caballo bereber y vuestros nietos os relinchen? ¿Queréis tener jacos y rocines en lugar de allegados y parientes?
BRABANCIO
¿Y quién eres tú, desvergonzado?
YAGO
Uno que viene a deciros que vuestra hija y el moro están jugando a la bestia de dos espaldas[4].