Otelo
Otelo mi osadía y riesgos de fortuna
al mundo lo proclaman.
Me rendí a la condición de mi señor.
He visto el rostro de Otelo en su alma,
y a sus honores y virtudes marciales
consagré mi ser y mi suerte.
Queridos señores, si me quedo
en la holganza de la paz y él se va a la guerra,
seré privada de los ritos amorosos
y en su ausencia habré de soportar
un intervalo de tristeza. Dejadme ir con él.
OTELO
Dad consentimiento. Pongo al cielo
por testigo de que no lo demando
por saciar el paladar de mi apetito,
ni entregarme a pasiones juveniles
a que tengo derecho libremente,
sino por complacerla en sus deseos.
Y no penséis (no lo quiera el cielo)
que voy a descuidar vuestra magna empresa
cuando ella esté conmigo. No: si las niñerías
del alado Cupido ciegan de placer
mis órganos activos y mentales
y el deleite corrompe y empaña mi deber,
¡que mi yelmo se vuelva una cazuela
y todas las vilezas y ruindades
se armen contra mi dignidad!