Ricardo II
Ricardo II Del cormorán, el hambre es tanta,
Que picotea en propia garganta.
Isla por el cetro consagrada,
Trono real de reyes, bello Edén,
La sede de Marte, coronada,
Por felices gentes habitada,
Esta inconquistable fortaleza,
Que, por sí, creó Naturaleza,
Contra, de la guerra, males cien;
Microcosmos y preciosa gema,
Que el mar undoso abraza,
Sirviéndole, plateado, de coraza,
O fosa defensiva, a que no tema,
La envidia de invasora raza;
Bendita comarca, sacra tierra,
Paraíso, con nombre de Inglaterra;
Nodriza y matriz de reyes,
De temida reata y abolengo,
Famosos por hazañas de ultramar,
En cruzadas y caballería,
Por Tierra Santa y Morería,
Defendiendo al Hijo de María,
Su sepulcro por recuperar;
Esta ínsula de almas queridísimas,
En todo el mundo famosísimas,
Mátame el oprobio, al reconocer,
Ahora, se la ha puesto de alquiler,