Romances
Romances Entra el EPÍLOGO.
EPÍLOGO Les preguntaría qué les pareció la obra,
pero, como les pasa a los escolares,
no puedo hacerlo. ¡Tengo un miedo terrible!
Les ruego, no obstante, que se queden un rato
y me dejen mirarlos. ¿Nadie sonríe?
Entonces la cosa no marcha bien,
por lo que veo. El que ya ha amado a una muchacha
joven y hermosa, que dé la cara
(raro sería que no haya uno) y, si le place,
dejen que chifle, siendo insincero
y mate así nuestras ganancias.
Es en vano, por lo que veo,
quedarme con ustedes: ¡que venga entonces
lo peor! Y bien, ¿qué dicen, pues?
Mas no se engañen. No soy valiente;
aquí no tenemos porqué. Si el cuento
que les contamos (pues no hay otro)
los ha satisfecho (y tal era su fin
honrado) nuestra meta está cumplida.
Y ustedes prolongarán un buen rato,
me atrevo a decir que largo, su viejo
amor por nosotros. Mientras, nosotros
quedamos a su servicio
con todo cuanto tenemos.
