Romances
Romances Entran HÉCTOR y ÁYAX luchando, y ENEAS y DIOMEDES tratando de interponerse. Toque de alto.
DIOMEDES Debéis parar.
ENEAS Por favor, príncipes, basta.
ÁYAX Aún no estoy templado; luchemos nuevamente.
DIOMEDES Como a Héctor le plazca.
HÉCTOR No lucho más, entonces.
Eres, señor, hijo de hermana de mi padre,
un primo hermano de la estirpe de Príamo,
y obligación de nuestra sangre impide
cruenta emulación entre nosotros.
Si esa tu mezcla, troyana y griega, fuese
como para decir: «Toda esta mano es griega;
pero esa, troyana. De esta pierna los nervios
son griegos; troyanos, estos. Mi materna sangre
va en la mejilla diestra; y en la siniestra,
guarda la de mi padre», por Jove omnipotente,
que no te dejaría un solo miembro griego
donde mi espada huella no trazara
de nuestro fiero feudo. Mas los justos dioses
no quieran que una gota, préstamo de tu madre,
mi venerable tía, por mi mortal espada
fuese vertida. Déjame que te abrace.
Por el dueño del trueno, robustos brazos tienes;
así desea Héctor que le caigan encima.
Honores se te rindan, primo.
ÁYAX Gracias, Héctor.