Romances
Romances CONDESA ¿Gritáis «Dios mío, señor» cuando os azotan, y «no me dejéis tranquilo»? Desde luego, tu «Dios mío, señor» va muy de acuerdo con tu azotaina: respondería muy bien a unos azotes si estuvieras sujeto a ello.
GRACIOSO Nunca he tenido peor suerte en mi vida con mi «¡Dios mío, señor!». Veo que las cosas pueden servir mucho tiempo, pero no servir siempre.
CONDESA Estoy jugando con el tiempo a la noble señora de casa, haciendo que lo pase tan alegremente con un loco.
GRACIOSO «¡Dios mío, señor!»: bueno, aquí sirve bien otra vez.
CONDESA Se acabó tu asunto, señor: dale esto a Helena y aprémiala para que devuelva enseguida una respuesta. Saluda a mis parientes y mi hijo. No es mucho.
GRACIOSO ¿No les saludo mucho?
CONDESA No es mucha ocupación para ti, ya me entiendes.
GRACIOSO Muy fecundamente: llegaré allí antes que mis piernas.
CONDESA Date prisa a volver.
Salen.
ESCENA III
París. En el palacio real.
Entran BERTRÁN, el viejo LAFEU y PAROLES.