Romances
Romances BERTRÁN Obedeceré su deseo. Helena, no habéis de asombraros de mi conducta, que no muestra acuerdo con el momento, ni cumple con la atención y el deber que se me requieren. No estaba preparado para tal asunto, de modo que me encuentro muy trastornado. Esto me mueve a pediros que ahora os pongáis en camino a casa enseguida, y más bien reflexionéis que preguntéis por qué os lo ruego así, pues mis motivos son mejores de lo que parecen, y mis obligaciones son más necesarias de lo que os parece a primera vista a vos que no las conocéis… Esta carta es para mi madre: no os veré hasta dentro de dos días, de modo que os dejo a vuestro juicio.
HELENA Señor, no puedo decir nada más sino que soy vuestra más obediente servidora.
BERTRÁN Vamos, vamos, basta de eso.
HELENA Y siempre, con leal observancia, trataré de suplir aquello en que las estrellas de mi casa no han sido capaces de estar a la altura de mi gran fortuna.
BERTRÁN Dejad eso: mi prisa es muy grande. Adiós: id a casa.
HELENA Perdón, señor, por favor.
BERTRÁN Bueno, ¿qué ibais a decir?
HELENA No soy digna del tesoro que poseo, ni me atrevo a decir que es mío; y sin embargo lo es, pero, como un ladrón miedoso, querría robar de buena gana lo que la ley me concede por propio.
BERTRÁN ¿Qué querríais?