Romances
Romances MAYORDOMO (Lee.) «Peregrina a Santiago he echado a andar: tanto ha pecado en mí el ávido amor que, para expiar mis culpas santamente, descalza por el duro suelo voy. Escribid, que del riesgo de la guerra, vuelva a casa vuestro hijo y mi señor, y bendecidle en paz. En tanto, lejos, yo bendigo su nombre con fervor: decid que me perdone sus fatigas. Como maligna Juno, le eché yo, lejos de sus amigos, a la guerra donde la muerte acecha a su valor. Para la muerte y yo, vale en exceso: me voy con ella y libertad le doy.»
CONDESA ¡Ah, qué agudos aguijones hay en sus dulcísimas palabras! Rinaldo, nunca te ha faltado tanto el juicio como al dejarla marchar así. Si yo hubiera hablado con ella, podría haber desviado sus intenciones, lo que ha evitado así.
MAYORDOMO Perdonadme, señora: si os hubiera dado la carta anoche, se la podría haber alcanzado; sin embargo, escribe que la persecución sería vana.