Romances
Romances CONDESA Pues justicia contra los culpables.
REY Me extraña, señor, puesto que las esposas son monstruos para vos, y huís de ellas en cuanto les juráis ser suyo, que, sin embargo, deseéis casaros. ¿Quién es esta mujer?
Entran la VIUDA, DIANA y el CABALLERO.
DIANA Mi señor, soy una desgraciada florentina descendiente de los antiguos Capuletos: mi pretensión, según entiendo, ya la conocéis, y así pues, sabéis hasta qué punto puedo ser compadecida.
VIUDA Señor, soy su madre, cuya ancianidad y honor sufren bajo la queja que traemos ambas, habiendo de acabarse sin vuestro remedio.
REY Venid acá, conde, ¿conocéis a estas mujeres?
BERTRÁN Señor, ni puedo ni quiero negar que las conozco… ¿Traen otras acusaciones contra mí?
DIANA ¿Por qué miráis de modo tan extraño a vuestra esposa?
BERTRÁN No es nada mío, señor.
DIANA Si os casáis, entregáis esta mano, y es mía: entregáis los votos del cielo, que son míos: os entregáis a vos mismo, que es sabido que es mío: pues yo, por juramento, estoy tan hecha una sola cosa con vos; que quien se case con vos ha de casarse conmigo, o con los dos o con nadie.