Romances
Romances POMPEYO En verdad que deseo aprender, señor. Y espero que cuando tengáis ocasión para usarme por vuestra cuenta me hallaréis preparado; ciertamente, señor, por vuestra bondad os estoy en deuda.
PREBOSTE Llamad a Bernardino y a Claudio.
Salen
ABHORSON y POMPEYO.
A uno compadezco; al otro, ni una pizca
(aunque fuera mi hermano), pues es un asesino.
Entra CLAUDIO.
Mira, aquí está la orden, Claudio, de tu muerte.
Ahora es medianoche, y a las ocho, mañana,
seréis hecho inmortal. ¿Dónde está Bernardino?
CLAUDIO Está sumido en sueños como hace el inocente
trabajador, que yace en sus huesos cansados.
No despertará.
PREBOSTE ¿Quién puede hacerle un bien? Preparaos, pues.
Golpean.
Pero escuchad, ¿qué es ese ruido?
¡Los cielos os consuelen!
Sale CLAUDIO. Llaman dentro.
¿Y ahora? Espero que sea un perdón o algún aplazamiento para el gentil Claudio.